Cada 16 de febrero, dos días después de San Valentín, en redes sociales comienza a circular una conmemoración no oficial pero cada vez más popular. Hablamos del famoso Día de los Amores Imposibles.
La fecha funciona como el reverso emocional del 14 de febrero. Si el Día de los Enamorados celebra el amor correspondido, las parejas consolidadas y las historias felices, el 16 se transforma en un espacio simbólico para recordar aquello que no fue. Amores no correspondidos, relaciones truncadas, vínculos marcados por la desigualdad emocional o simplemente personas que quisieron mucho más de lo que las quisieron.
Recordemos que el “amor imposible” no siempre implica prohibición o tragedia shakesperiana. De hecho, muchas veces es simplemente un sentimiento que no encontró reciprocidad. Y si hay un referente cultural que encarna perfectamente este concepto, es el amor de Marcela Valencia por Armando Mendoza en la icónica telenovela Yo soy Betty, la fea.
La escena que marcó el amor imposible de Marcela Valencia y Armando Mendoza
Dentro de la historia, Marcela representa el amor que se aferra. Ama a Armando con intensidad, con historia compartida y con la expectativa de un futuro construido. Sin embargo, su sentimiento nunca es completamente correspondido en la misma medida.
De hecho, una de las escenas más recordadas es cuando Marcela le dice a Armando que no quiere a nadie más, que él es el único hombre en su vida. La frase no es solo una declaración romántica, es la expresión de una dependencia emocional que expone la fragilidad de amar sin recibir lo mismo de vuelta.
En ese momento, el amor deja de ser ideal y se vuelve vulnerable. Marcela no está celebrando un vínculo, está suplicando permanencia. Y ahí radica la esencia del “amor imposible”. No es que no exista sentimiento, es que no hay equilibrio.
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