En los últimos años comenzó a circular con fuerza lo que se conoce como el método o regla del 7-7-7. Muchas veces se presenta como una “ley” casi universal para mantener viva una relación de pareja, aunque conviene precisar algo importante desde el inicio: no se trata de una teoría científica dura ni de un concepto creado por un único autor académico, sino de una práctica relacional sistematizada y difundida por terapeutas de pareja, divulgadores en psicología y especialistas en vínculos.
La lógica del 7-7-7 propone algo aparentemente simple, pero difícil de sostener en la vida cotidiana: organizar el tiempo para el vínculo. En concreto:
- Cada 7 días, una cita o momento exclusivo de pareja.
- Cada 7 semanas, una salida especial o actividad más extensa.
- Cada 7 meses, un viaje o experiencia significativa compartida.
La propuesta surge como respuesta a uno de los principales factores de desgaste relacional descritos por la investigación contemporánea: la erosión del deseo por efecto de la rutina, el estrés y la sobrecarga de roles. Trabajo, crianza, problemas económicos y agendas saturadas suelen desplazar el tiempo vincular a un segundo o tercer plano.
¿Por qué esta estructura resulta atractiva?
Desde la psicología relacional, el valor del método no está en el número siete en sí mismo —que muchas veces se asocia simbólicamente a ciclos o totalidad— sino en la regularidad y la anticipación. Programar encuentros reduce la improvisación constante y envía un mensaje claro: la relación también es una prioridad que se agenda.
Diversos estudios sobre satisfacción de pareja muestran que las relaciones que planifican tiempo de calidad presentan mayores niveles de intimidad emocional y sexual. No se trata solo de “hacer cosas juntos”, sino de crear espacios donde el otro deje de ser función (padre, madre, proveedor, organizador) y vuelva a ser sujeto deseante.
Un ejemplo cotidiano
Una pareja con hijos pequeños puede pasar meses sin tener una conversación que no esté mediada por urgencias. El 7-7-7 obliga a detener la inercia: una cena semanal sin pantallas, una noche fuera de casa cada dos meses, un viaje anual aunque sea corto. No garantiza felicidad ni elimina conflictos, pero introduce una estructura mínima para que el encuentro sea posible.
Eso sí, es clave decirlo: el método no funciona como receta mágica. Si se convierte en una obligación rígida, puede generar el efecto contrario. Su potencia está en servir como marco flexible, no como mandato.
El reverso del romanticismo
El Día del Amor no solo convoca gestos románticos; también reactiva una serie de expectativas idealizadas sobre cómo debería sentirse, vivirse y demostrarse el amor. Desde el psicoanálisis lacaniano, estas expectativas no son inocuas: pueden volverse profundamente destructivas para el vínculo.
Jacques Lacan plantea que el amor no surge desde la completitud, sino desde la falta. Su famosa formulación —amar es dar lo que no se tiene a quien no es— desmonta la fantasía de la pareja como complemento perfecto.
Amar desde lo incompleto
Para Lacan, el sujeto está estructuralmente atravesado por una falta. No hay totalidad posible, ni emocional ni simbólica. El problema aparece cuando se espera que el otro:
- Repare heridas del pasado.
- Complete vacíos existenciales.
- Resuelva inseguridades personales.
- Garantice felicidad constante.
Estas expectativas, tan difundidas por el discurso romántico contemporáneo, generan una presión silenciosa pero constante. El otro queda atrapado en un lugar imposible de sostener.
Expectativa versus deseo
En la lógica lacaniana, el deseo nunca se satisface por completo. Cuando se confunde amor con satisfacción total, el vínculo se rigidiza. Aparecen frases como:
- “Si me amaras, sabrías lo que necesito”.
- “No debería pedirlo”.
- “El amor verdadero no decepciona”.
Este tipo de enunciados suelen anticipar frustración. Amar implica aceptar la diferencia, la opacidad del otro, su imposibilidad de responder a todo. Cuando la expectativa es total, la decepción también lo es.
El amor como construcción, no como promesa
Desde esta perspectiva, el amor no es un estado permanente ni una emoción constante, sino un trabajo simbólico y cotidiano. Exige palabra, negociación, renuncia y, sobre todo, asumir que el otro no viene a salvarnos.
El 14 de febrero, entonces, puede funcionar como espejo: no tanto para medir cuánto amor hay, sino para observar qué tipo de amor estamos esperando.
Regalos para el Día del Amor 2026
Cada año, el mercado ofrece un repertorio casi idéntico de objetos “románticos”. Sin embargo, lo que suele fallar no es el regalo en sí, sino la ausencia de pensamiento detrás del gesto.
Con sentido
Más que dividirlos por género, la tendencia actual apunta a regalos que generen experiencia, memoria o conversación:
- Experiencias compartidas: cenas temáticas, escapadas breves, talleres, clases o actividades que saquen a la pareja de la rutina.
- Objetos con relato: libros dedicados, vinilos, fotografías seleccionadas con historia, no decorativas.
- Regalos simbólicos no evidentes: algo que dialogue con un recuerdo compartido, una broma interna o un proyecto futuro.
- Tiempo: organizar la agenda para estar, sin multitarea ni distracciones.
Lo que no se quiere recibir (aunque se siga regalando)
Con humor —y algo de honestidad— hay objetos que año tras año aparecen en rankings de los menos deseados:
- La foto enmarcada del matrimonio o del inicio del pololeo, especialmente cuando aparece sin contexto ni intención.
- El globo metálico con la frase “te amo”
- El tazón con la cara de la pareja, o de ambos…condenado a quedar olvidado en el fondo del mueble.
- La rosa envuelta en celofán, marchita antes de terminar el día.
- Cojines, luces LED con frases genéricas y souvenirs románticos sin identidad.
- El peluche con corazón bordado: tierno, pero repetido hasta el cansancio.
- El cojín con frases como “Te amo”: otro clásico que termina guardado en el clóset.
- Los chocolates en caja roja con forma de corazón: dulces, sí, pero predecibles.
- El perfume “para ocasiones especiales”: regalo estándar que se repite año tras año.
- Los artículos para la casa (vajilla, electrodomésticos pequeños): poco personales que románticos.
- La tarjeta comprada en librería con frases genéricas: poco personal y sin chispa.
Panoramas destacados San Valentín
Tributo a Ricky Martin
- Fecha y Hora: 14 de febrero, 21:00 hrs.
- Lugar: Teatro Caupolicán, Santiago.
- Precio aproximado: Desde $25.000 por persona.
- Detalles: Show musical con grandes éxitos, ambiente festivo y romántico.
Casamientos simbólicos por “Elvis Presley”
- Fecha y Hora: 14 de febrero, durante la tarde.
- Lugar: Mall Plaza Vespucio, Santiago.
- Precio aproximado: Gratuito.
- Detalles: Ceremonias lúdicas para parejas que quieran renovar votos o vivir la experiencia.
Cena romántica en Viña del Mar
- Fecha y Hora: 14 de febrero, 20:00 hrs.
- Lugar: Restaurantes de la Av. Perú y borde costero.
- Precio aproximado: Entre $30.000 y $60.000 por pareja.
- Detalles: Menús especiales de San Valentín con música en vivo y vista al mar.
Escapada romántica a Valle de Colchagua
- Fecha y Hora: 14–15 de febrero.
- Lugar: Viñedos de Santa Cruz.
- Precio aproximado: Paquete desde $150.000 por pareja.
- Detalles: Incluye cata de vinos, cena gourmet y noche de alojamiento.
Observación de estrellas en Valle del Elqui
- Fecha y Hora: 14 de febrero, 22:00 hrs.
- Lugar: Observatorio Mamalluca, Vicuña.
- Precio aproximado: $20.000 por persona.
- Detalles: Experiencia astronómica bajo el cielo más limpio del mundo, ideal para parejas.
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