En una nueva producción de Podium Podcast, Marco Silva y Paula Ilabaca exploran los crímenes que conmocionaron al país.
Con la ayuda de archivos históricos y expedientes judiciales, el relato cuenta los hechos que conmocionaron a la opinión pública.
En el primer capítulo, la producción explora el crimen de la joven María Adriana Echazarreta, quien desapareció en el año 1972 y cuyo cuerpo fue encontrado sin vida junto a unas canchas deportivas.
El asesino del Estadio Español: El crímen de María Adriana Echazarreta
En las voces de Silva e Ilabaca, se narra el crimen de la joven de 16 años María Adriana Echazarreta, cuyo cuerpo fue encontrado sin vida en un sector del Estadio Español, ubicado en la comuna de Las Condes.
Echazarreta fue vista por última vez el sábado 23 de septiembre del año 1972.
Antes de desaparecer, se le vio bailando con un joven alto, rubio y carismático, el cual fingía tener acento argentino.
Cerca de las 6 de la mañana de la madrugada, se encontró el cuerpo sin vida de la adolescente, donde la evidencia forense reveló posteriormente un ataque de extrema violencia.
La víctima presentó evidentes signos de violencia física, donde posteriormente, la investigación y un testigo de la fiesta que aportó un dato vital para dar con el responsable: Su apellido.
Esto derivó en la captura de Pablo Enrique Marino de Voz, de 21 años.
El sujeto contaba con antecedentes por intentos de violación, junto con un historial de hospitalizaciones psiquiátricas.
Marino de Voz fue capturado en su departamento en la comuna de Providencia el lunes 25 de septiembre, a dos días de cometido el crimen.
En el domicilio se encontraron las pruebas que lo apuntaron inmediatamente como el victimario.
La confesión
Durante el interrogatorio, Marino de Voz osciló entre mentiras, delirios y relatos fríos, donde finalmente terminó confesando el crimen.
Pese a ello, la defensa intentó argumentar que el asesino era inimputable debido a su historial de epilepsia y episodios de furia.
No obstante, el Instituto Médico Legal lo diagnosticó con una personalidad psicopática grave, junto con una conducta violenta asociada al consumo de alcohol.
De esta manera, determinaron que el imputado era plenamente consciente y legalmente responsable de sus actos.
