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El llamado «cable submarino chino» se transformó en uno de los temas más debatidos en la agenda política y tecnológica reciente del país tras la breve reunión entre el mandatario Gabriel Boric y el presidente electo José Antonio Kast.
En esta, José Antonio Kast declaró no estar al tanto del proyecto. Sobre esto, el futuro Ministro del Interior Claudio Alvarado aseguró lo siguiente: «el Presidente electo nunca fue informado ni tuvo conocimiento de esta situación que tiene relación con el cable chino».
La iniciativa contempla la instalación de un cable de fibra óptica bajo el océano que permitiría conectar directamente Chile con China. Reduciendo así la dependencia de rutas tradicionales que pasan por Norteamérica y fortaleciendo la infraestructura digital entre ambos continentes.
En términos simples, un cable submarino es una extensa red de fibra óptica instalada en el lecho marino, diseñada para transmitir datos a gran velocidad. Por estas líneas circula gran parte del tráfico global de Internet, incluyendo comunicaciones empresariales, servicios financieros, plataformas digitales y contenidos audiovisuales. En la práctica, son la columna vertebral de la conectividad internacional.
¿Por qué es polémico el cable submarino chino?
El debate no gira únicamente en torno a la tecnología, sino también a las implicancias geopolíticas. En un escenario global marcado por tensiones entre grandes potencias, cualquier proyecto de infraestructura digital que involucre a actores internacionales relevantes despierta inquietudes sobre seguridad, soberanía tecnológica y control de la información.
Algunos sectores han planteado dudas respecto a la dependencia que podría generarse al establecer vínculos estratégicos con empresas extranjeras en una infraestructura considerada crítica. Otros, en cambio, sostienen que diversificar las rutas de conexión es precisamente una forma de fortalecer la autonomía y reducir riesgos.
Alfonso Kaiser, profesor del Master of Engineering Management de la Universidad de los Andes y especialista en estrategias militares lo ejemplificó así: “Estamos hablando de transmitir 500 películas en 4K por segundo. La biblioteca del Congreso de Estados Unidos se podría copiar en 1,6 segundos”.
Sin embargo, el punto crítico no es la velocidad, sino el control de la información. El especialista advirtió: «No tengo claro el control de esos datos. Se exponen datos que compartimos en alianzas de seguridad con Estados Unidos a una potencia extranjera famosa por copiar, muchas veces, a través de copias no autorizadas».
Aquí surge la controversia. El riesgo, según el académico, involucraría datos personales, propiedad intelectual y secretos militares.
«Cuando no tenemos reglas claras respecto del uso de la información. Hay un peligro latente de fuga de información vital para nosotros y para nuestros aliados», concluyó.
En definitiva, el proyecto representa tanto una oportunidad como un desafío.
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