El próximo domingo 10 de mayo, nuestro país celebrará un nuevo Día de la Madre en un escenario estadístico sin precedentes. Lo que históricamente fue una transición natural en la vida de las personas, hoy se ha convertido en una decisión postergada o, en muchos casos, descartada.
Las cifras oficiales revelan una realidad ineludible: el mundo está experimentando una caída libre en sus tasas de fecundidad. Esto transforma no solo la estructura de los hogares, sino también las prioridades de los Estados.
El desplome de las cifras aquí y allá
Informes de 2024 indican que la Tasa Global de Fecundidad (TGF) en Chile ha caído a aproximadamente 1,03 hijos por mujer. Lo que nos sitúa drásticamente por debajo del 2,1 necesario para asegurar el reemplazo generacional sin depender de la migración.
Para 2028, se proyecta que el número de defunciones podría superar al de nacimientos por primera vez en la historia nacional, marcando el inicio de un crecimiento natural negativo.
A nivel global, el fenómeno es espejo. Las razones detrás de este fenómeno no responden únicamente a un cambio de voluntad, sino a lo que sociólogos denominan «infertilidad estructural». La incertidumbre económica, el alto costo de la vida, la dificultad para acceder a la vivienda y la persistente desigualdad en la corresponsabilidad de los cuidados, donde la mujer sigue asumiendo la mayor carga, actúan como barreras infranqueables para la maternidad
¿Cuánto vale un nuevo ciudadano?
Ante la amenaza de sociedades envejecidas y sistemas de seguridad social insostenibles, varios gobiernos han pasado de la preocupación a la acción directa. La lógica es clara: para estos Estados, el nacimiento de un niño no es solo un evento familiar, sino una inversión en el futuro capital humano y la estabilidad económica del país.
Francia:
Es uno de los pocos países europeos que ha logrado mantener una tasa de natalidad relativamente alta dentro del estándar regional (cercana a 1,8 en años recientes, aunque también en descenso).
Su estrategia no es reciente ni puntual: se trata de una política de Estado de largo plazo. Incluye subsidios familiares mensuales por hijo, beneficios tributarios, acceso amplio a educación preescolar desde edades tempranas y una red sólida de cuidado infantil.
Además, el sistema favorece la conciliación laboral: existen licencias parentales, pero sobre todo un entorno donde trabajar y tener hijos no son incompatibles.
Hungría:
Ha implementado una de las políticas más radicales para fomentar la natalidad en Europa. El gobierno ofrece exenciones de impuestos de por vida a mujeres que tengan cuatro o más hijos, créditos hipotecarios condonables, subsidios directos para compra de vivienda y préstamos estatales que se reducen o eliminan con cada hijo adicional.
Estas medidas han tenido cierto impacto: la tasa de fecundidad aumentó desde niveles muy bajos (cerca de 1,2) a alrededor de 1,5 en algunos años. Sin embargo, no ha alcanzado el nivel de reemplazo ni ha revertido completamente el envejecimiento.
Corea del Sur:
Tiene actualmente la tasa de natalidad más baja del mundo (por debajo de 1 hijo por mujer). Durante más de una década, el país ha invertido miles de millones de dólares en políticas de fomento: bonos por nacimiento, subsidios mensuales, apoyo a la educación infantil, beneficios de vivienda y programas de conciliación laboral.
A pesar de ello, la natalidad sigue cayendo, ya que las razones son estructurales: jornadas laborales extensas, altos costos de vivienda, presión educativa y desigualdad de género en las tareas de crianza. En este contexto, los incentivos económicos no logran compensar el costo social de tener hijos.
Japón:
El Estado ha impulsado medidas como expansión de jardines infantiles gratuitos, subsidios por hijo, programas de apoyo a la crianza y promoción del trabajo flexible.
No obstante, la tasa de natalidad se mantiene baja (en torno a 1,3 o menos), en parte por factores culturales: retraso en el matrimonio, baja tasa de formación de parejas y exigencias laborales intensas.
Suecia:
El país ofrece licencias parentales extensas y compartidas entre ambos padres, sistemas de cuidado infantil accesibles y políticas activas de igualdad de género. Durante años logró mantener una natalidad relativamente alta para Europa (cercana a 2 hijos por mujer), aunque recientemente también ha disminuido.
Italia y España:
Ambos países presentan tasas de natalidad muy bajas (en torno a 1,2 o menos) y han comenzado a implementar políticas más activas en la última década. Incluyen bonos por nacimiento, subsidios mensuales y beneficios fiscales, pero llegan en un contexto donde la maternidad ya se ha postergado significativamente.
El desempleo juvenil, la precariedad laboral y el alto costo de la vivienda han sido factores determinantes. En este escenario, las políticas han tenido efectos limitados.
Más allá del dinero: por qué los incentivos no bastan
El análisis comparado muestra un patrón consistente. Los incentivos económicos ayudan, pero no son suficientes, porque la decisión de tener hijos está cada vez más vinculada a factores estructurales:
- Estabilidad laboral
- Acceso a vivienda
- Redes de cuidado
- Igualdad de género
- Expectativas de vida
En muchos países, incluso cuando existen apoyos, las personas sienten que no pueden o no quieren, asumir la carga de la crianza en las condiciones actuales.
Mascotas versus hijos
Un fenómeno social que corre en paralelo a la baja natalidad es la redefinición del concepto de familia por parte de las generaciones Millennial y Gen Z. Según estudios recientes de 2025, en Chile, 7 de cada 10 jóvenes prefieren tener una mascota antes que un hijo. Este cambio de paradigma no es casual; responde a una búsqueda de afecto que no comprometa la autonomía personal ni la estabilidad financiera.
Razones del cambio
- Menor costo y riesgo: El cuidado de un perro o gato implica una conexión emocional profunda, pero con un costo financiero significativamente menor y sin la responsabilidad legal y social de por vida que conlleva un hijo.
- Flexibilidad y libertad: Los jóvenes argumentan que las mascotas se adaptan mejor a sus estilos de vida nómades o de alta exigencia laboral. No requieren permisos escolares, ni implican el «sacrificio» de planes de fin de semana en la misma medida.
- Reducción de estrés: En un entorno de alta sensibilidad y ansiedad, el vínculo con los animales es percibido como terapéutico y menos conflictivo que la crianza humana.
Este auge de los «hijos de cuatro patas» ha generado una industria que imita la crianza humana: desde guarderías para perros hasta seguros de salud especializados y celebraciones de cumpleaños. Para las nuevas generaciones, la mascota ocupa el espacio emocional de la familia, pero bajo términos que consideran más compatibles con la realidad económica y social de 2026.
Un futuro de sociedades plateadas
El panorama hacia el futuro indica que, de no mediar cambios estructurales profundos en la forma en que las sociedades valoran el cuidado, el invierno demográfico persistirá. Los países que hoy ofrecen incentivos están en una carrera contra el tiempo para evitar que sus poblaciones se reduzcan a la mitad en las próximas décadas.
Para Chile, el desafío de este Día de la Madre no es solo celebrar a quienes ya lo son, sino reflexionar sobre por qué, para las nuevas generaciones, la maternidad parece un horizonte cada vez más lejano y difícil de alcanzar.
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