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Noruega despide al rey Harald V, pero junto a su legado como monarca también queda una de las historias de amor más especiales de la realeza europea. Su relación con Sonia Haraldsen comenzó como un romance prohibido y terminó convirtiéndose en un matrimonio que desafió las reglas de la Corona.
Ambos se conocieron en el verano de 1959, cuando tenían 22 años, y rápidamente comenzaron una relación que mantuvieron en secreto durante años. El problema era que Sonia no pertenecía a la realeza: era hija de un próspero comerciante, mientras Harald era el heredero del trono noruego.
La relación generó fuertes reparos dentro de palacio. El rey Olaf V se oponía a que su hijo se casara con una plebeya e incluso se intentó que Harald conociera a otras mujeres de la aristocracia europea. Sin embargo, el príncipe se negó a renunciar a Sonia.
Del amor prohibido al trono: la historia que unió al rey Harald y Sonia
De hecho, la tensión llegó a tal punto que Harald amenazó con renunciar a sus derechos al trono si no podía casarse con ella. Finalmente, su padre cedió y el 18 de marzo de 1968 se anunció oficialmente la boda.
Después de nueve años de romance, Harald y Sonia se casaron el 29 de agosto de 1968 en la Catedral de Oslo. Con el tiempo, aquella mujer que alguna vez fue considerada inapropiada para el heredero terminó convirtiéndose en reina.
La pareja tuvo dos hijos, Märtha Louise y Haakon, y en 1991 Harald y Sonia llegaron juntos al trono de Noruega.
Décadas después, su historia sigue teniendo ese toque de cuento de hadas: un príncipe que desafió a la Corona por amor y una mujer plebeya que terminó convirtiéndose en reina.
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