Han pasado más de 15 años desde que un devastador tsunami azotó el noreste de Japón, dejando miles de víctimas y personas desaparecidas. Sin embargo, para Yasuo Takamatsu, aquel día todavía está presente.
El japonés perdió a su esposa, Yuko, durante el desastre natural ocurrido el 11 de marzo de 2011. Desde entonces, comenzó una búsqueda que se ha extendido por más de una década y que lo llevó a aprender a bucear para recorrer las mismas aguas donde desapareció.
Actualmente, Takamatsu continúa sumergiéndose periódicamente frente a la costa de Onagawa, en la prefectura de Miyagi, con la esperanza de encontrar algún indicio de su esposa. Según antecedentes difundidos por BBC Mundo, ya acumula más de 760 inmersiones.
El último mensaje de su esposa
La mañana del tsunami, Yasuo dejó a Yuko en el banco donde trabajaba. Antes de separarse conversaron incluso sobre qué comerían durante la noche. Pero horas después, las alarmas comenzaron a sonar debido a la amenaza de tsunami.
Yuko y otros compañeros de trabajo subieron hasta la azotea del edificio para intentar ponerse a salvo. Desde allí, alcanzó a enviarle un mensaje a su esposo preguntándole si estaba bien y expresando su deseo de regresar a casa.
Yasuo creyó que ella se encontraba a salvo. Sin embargo, cuando acudió al hospital municipal donde se refugiaban los sobrevivientes, descubrió que Yuko no estaba allí.
Poco después recibió la noticia que cambiaría su vida: el tsunami se la había llevado.
«Después de eso, no podía mantenerme en pie. Perdí todas mis fuerzas, como si el agua se las hubiera llevado consigo», contó Yasuo en el programa Heart and Soul del BBC World Service.
Aprendió a bucear para buscarla
Durante los primeros años, Yasuo observó las labores de los equipos de rescate y los buzos que recorrían las aguas buscando víctimas y pertenencias.
Después de aproximadamente dos años tomó una decisión: aprender a bucear por su cuenta para continuar la búsqueda.
Desde entonces, realiza inmersiones en la zona. Lo que inicialmente nació como una búsqueda se transformó con el tiempo en una forma de mantener vivo el vínculo con su esposa.
Takamatsu suele embarcarse en el puerto de Onagawa y adentrarse en el océano para luego descender a las profundidades. En algunas de sus inmersiones ha llegado hasta unos 50 metros bajo la superficie, recorriendo un paisaje submarino marcado por los efectos del desastre y el paso del tiempo.
«Es como ir a reunirme con ella»
Con los años, Yasuo reconoce que sus inmersiones adquirieron un significado diferente. Como los restos de Yuko nunca fueron encontrados, tampoco existe una tumba a la que pueda acudir para recordarla. Por eso, para él, entrar al mar se convirtió en una especie de encuentro con su esposa.
«Tras bucear una y otra vez, empecé a sentir que ella podría estar cerca. Es algo distinto a visitar un sepulcro, porque ella no está en uno. Es más como ir a reunirme con ella», señaló
Más de una década después de aquella tragedia, Yasuo Takamatsu continúa regresando al mismo lugar.
Cada inmersión es una nueva búsqueda, pero también un particular ritual de memoria: una forma de acercarse, aunque sea por unos minutos, a la mujer que desapareció aquel 11 de marzo de 2011.
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