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Hoy la Quinta Vergara es sinónimo de luces, transmisión internacional y artistas globales. Sin embargo, hubo un tiempo en que el Festival de Viña era apenas una tarima de madera, telones simples como fondo y un puñado de canciones dedicadas a la Ciudad Jardín.
Todo comenzó en febrero de 1960, cuando el entonces alcalde Gustavo Lorca Rojas impulsó la idea de crear un certamen musical que potenciara el turismo estival. Inspirado en el Festival de Benidorm, y con el apoyo de Carlos Ansaldo, la Municipalidad organizó un concurso de canciones inéditas de raíz folclórica en los jardines de la Quinta Vergara.
De hecho, la primera edición, realizada entre el 21 y el 28 de febrero de 1960, tenía una particularidad bastante especial. Es que todas las composiciones debían estar dedicadas a la ciudad. El bolero “Viña del Mar”, de Manuel Lira Silva y José Goles, se convirtió en la primera canción ganadora del certamen.
Con el paso de los años, el interés creció y en 1967 se inauguró el anfiteatro permanente de la Quinta Vergara. El cual fue diseñado por el arquitecto Borja Huidobro e inspirado en el vuelo de una gaviota. Ese gesto arquitectónico no solo transformó el espacio físico, sino que también le dio identidad al Festival.
Más adelante, la Lira de Oro dio paso a la icónica Gaviota de Plata, creada por Claudio Di Girolamo, símbolo que hoy representa el máximo anhelo de quienes pisan ese escenario.
¡El festival más visto en la historia de la TV chilena!
En sus primeras ediciones, el Festival de Viña se escuchaba por Radio Minería, con la voz de Ricardo García como animador. No había transmisiones en alta definición ni redes sociales: solo música y expectación radial.
Recién en 1963 llegó la transmisión televisiva experimental, marcando el inicio de una nueva era para el certamen y para la cultura popular chilena.

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