Ricardo Montaner y Marlene Rodríguez protagonizan una de las historias de amor más sólidas y admiradas del espectáculo latino, marcada por un inicio inesperado y un camino construido con paciencia, respeto y profunda complicidad.
El cantante conoció a quien sería su esposa en circunstancias poco comunes, cuando ella aún estaba en otra relación. De hecho, Montaner había sido invitado a la fiesta post casamiento de Marlene.Lo que transformó ese segundo encuentro en una experiencia tan intensa como compleja. Según confiesa, cuando la vio en la oficina la primera vez, quedó embobado.
Sin embargo, lejos de apresurar los tiempos, ambos optaron por dejar que la vida siguiera su curso, demostrando que el amor verdadero también sabe esperar.
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Un amor destinado a triunfar
Ricardo Montaner se separó de su primer matrimonio y volvió a reencontrarse con Marlene, en otra ciudad, con otra vida. En aquella oportunidad, ambos estaban divorciados y, hasta entonces, su relación era laboral. Puesto que, ella había colaborado en la producción de uno de los videos musicales de Montaner.
Durante esa colaboración, la conexión entre ambos se hizo evidente, y su relación evolucionó de una amistad a un profundo amor.
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Historia de un matrimonio
En 1989, Ricardo y Marlene se casaron y, desde ese momento, han compartido no solo su vida personal, sino también su camino profesional. Marlene ha estado a cargo de la dirección de gran parte de los videoclips del cantante, y esta alianza creativa se ha convertido en uno de los pilares de su relación, impulsando su crecimiento conjunto dentro y fuera del escenario.
Ricardo y Marlene construyeron una familia grande y unida. Son padres de Mauricio, Ricardo y Evaluna, quienes heredaron la vena artística y han desarrollado sus propias carreras en el mundo del espectáculo.
Además, el cantante es padre de Héctor y Alejandro, fruto de una relación anterior. En conjunto, los Montaner se han ganado reconocimiento no solo por su talento, sino también por la cercanía y los valores familiares que han cultivado a lo largo de los años.
A lo largo de más de tres décadas, la pareja ha mantenido viva la llama del amor. Uno de sus secretos es la renovación constante de sus votos matrimoniales cada cinco años, reafirmando su compromiso y amor mutuo. Esta práctica ha fortalecido su relación, demostrando que el amor verdadero puede perdurar a pesar del tiempo y las adversidades.