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Región de Valparaíso. Un incendio devastador: Cuando el fuego arrasa, las emociones se encienden

El fuego destruyó hogares, personas, mascotas y esperanzas en un abrir y cerrar de ojos. Increíble como un incendio puede convertir la tranquilidad de una ciudad en un escenario de caos y desolación.

Incendio

Agencia UNO

En medio del caos y la destrucción, las tragedias como la ocurrida en la Región de Valparaíso que acabó con personas, viviendas y animales generan un profundo impacto en la sociedad, pues desencadenan una serie de reacciones en la población, tanto para el que las vive como para el que la ve por los medios de comunicación.

El fuego destruyó hogares, personas, mascotas y esperanzas en un abrir y cerrar de ojos … increíble como un incendio puede convertir la tranquilidad de una ciudad en un escenario de caos y desolación. Las llamas devoraron todo y nosotros veíamos en vivo lo que ocurría a través de la tele, radio y redes sociales.

El revuelo mediático que para algunos puede caer en el morbo, para otros puede ser lo necesario para saber lo que está pasando y a su vez, poder estar atentos a su evolución y solidarizar con quienes se están medio de la devastación.

Cuando el fuego arrasa, las emociones se encienden

Raúl Carvajal, psicólogo y creador del podcast “Casiterapia” señala que parece importante, entender que estamos frente a una tragedia traumática en todo lo eso implica, por eso hace el llamado a cuidar a la población más vulnerable y en estos casos son los niños, adolescentes y personas que sufran algún cuadro de ansiedad, de angustia, depresión u otra enfermedad de salud mental.

Asimismo, complementa que “es vital resguardar la dignidad de la gente que lo han perdido todo y en esto hay un punto de reflexión respecto a lo que implican los constantes cambios que el mundo está experimentando. Hay una crisis climática y eso genera incendios, las olas de calor y otros fenómenos graves que como seres humanos tenemos que hacernos parte viendo cómo vamos a colaborar de forma individual y ojalá grupal”.

El revuelo mediático

Los medios de comunicación juegan un papel fundamental en la difusión de las catástrofes, ya que su cobertura informa a la ciudadanía lo que ocurre. Sin embargo, los titulares trágicos y las imágenes impactantes capturan la atención de la audiencia, sumergiéndola en un mar de emociones intensas. Los niños y los adultos mayores son especialmente susceptibles, ya que suelen ser más sensibles y pueden experimentar importantes cuotas de estrés.

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El especialista Raúl Carvajal llama a cuidarnos todos de la exposición desmedida y del bombardeo de información y también aconseja ser cuidadosos respecto a lo que compartimos a través de las redes sociales.

Límites en el consumo de información

Respecto a cuenta información trágica se debe consumir, esto no tiene una respuesta rotunda, pero el exceso de exposición puede tener efectos perjudiciales en la salud emocional de las personas. Diversas investigaciones han demostrado que un consumo excesivo de noticias de este tipo puede aumentar los niveles de angustia, ansiedad y depresión. Por lo tanto, es fundamental establecer límites y buscar un equilibrio entre estar informado y proteger nuestra salud mental.

Expertos advierten que la sobreexposición a imágenes y relatos impactantes puede contribuir a traumas secundarios en la audiencia. Es esencial establecer límites para preservar la salud mental en un contexto tan abrumador.

Mayor atención a los niños

Los niños son testigos vulnerables y si un adulto no se encarga de graduar las noticias que ve pueden sufrir consecuencias emocionales significativas. Estudios indican que la exposición a eventos traumáticos como incendios puede desencadenar ansiedad, pesadillas y estrés postraumático, afectando su desarrollo emocional a largo plazo.

Luis Rozas Mardones, psicólogo clínico de Red Salud, indica que un niño se encuentra en pleno desarrollo físico, psicológico y emocional, a partir de las enseñanzas académicas, valores que le entregan sus padres o cuidadores y lo que reciben de su propia experiencia y, por lo tanto, cuentan con múltiples herramientas para afrontar desafíos cotidianos. No obstante “cuando estos son extraordinarios, ya no tienen tantas herramientas. Por ejemplo: cuando se han enfrentado a eventos de gran magnitud como un terremoto o los incendios que se dieron ahora de forma inesperada, los caen en un desequilibrio al no saber cómo actuar frente a esta situación. Entonces tienden a bloquearse muchas veces o al caer en desesperación, pues ven que su entorno también está sucumbiendo ante lo que está ocurriendo”, dice y agrega que este tipo de crisis pueden tener secuelas que duran de tres a seis meses, pero si continúa ya se puede considerar como un trastorno crónico, que debe ser abordado de punto de vista clínico.

Un incendio devastador

Es conveniente señalar que la mayor prevalencia por trauma de este tipo en niños son los de tercer y cuarto básico. Es decir, va en directa relación su madurez, su edad y con sus herramientas para enfrentar este evento traumático.

Ahora bien, cuando un trauma, se convierte en un trastorno de estrés postraumático, requerirá un trabajo mancomunado entre el niño, la familia y su entorno directo apreciación de los adultos en cuanto a cómo actuar frente a este tipo de situación.

Cabe señalar que toda ayuda o terapia buscará la restitución de la normalidad, evitando de chicos se sientan que viven en un ambiente hostil.

Papás atentos a estos síntomas:

  • Poner atención a los síntomas entre ellos la reexperimentación es decir, recordar o revivir reiteradamente el evento y vincularlos a situaciones diarias. O si su recuerdo ya comienza a afectar la calidad de vida.
  • La evasión del niño en la que pareciera demostrar de que nada le importa, ni tampoco le afecta. Este es sinónimo de que se está guardando sus emociones.
  • La excitación permanente, que le impide al menor concentrarse. Asimismo, tiene respuestas exageradas, se sobresalta con facilidad, se muestra irritado, tiene problemas para dormir y no querer quedarse solo.
  • Siente angustia, llora y experimenta sentimientos de culpa, donde de alguna manera comienzan a sentirse responsables de lo ocurrido, cayendo en tensión y síntomas como: mareos, desmayos, dolores de cabeza o malestares físicos en general.

¿Qué hacer?

  • Lo primero es proveer contención emocional, escuchándolos y preguntarles que sienten sin juzgarlo.
  • Se les debe escuchar sin interrupciones, mirándolo a los ojos, abrazarlos si es necesario y generar un espacio de intimidad emocional donde el niño se siente libre y tranquilo.
  • No es bueno bajarle el perfil de lo que ocurre a un niño, hay que explicarles con un lenguaje sencillo la situación, ya que esto logrará canalizar sus miedos y apaciguar su emoción.
  • Hay que poner ojo a los duelos individuales, pues no todas las personas sienten igual. Si esta catástrofe involucró la pérdida de un ser querido es necesario conversar con el niño individualmente y evitar la sobreexposición frente a los demás niños.
  • Instar a que los niños plasmen lo que sienten a través del arte, la escritura o representaciones teatrales y así lentamente comenzar a establecer la vida cotidiana para poder también llevarlo a un estado de mayor tranquilidad.

El despertar de la humanidad

A pesar del dolor y la tristeza que generan las catástrofes, también se puede observar un fenómeno esperanzador: el despertar de la solidaridad y empatía en la sociedad. Frente a la adversidad, muchas personas brindan apoyo a los damnificados, ya sea a través de donaciones, voluntariado o simplemente ofreciendo su ayuda. Este acto no solo ayuda a los afectados a reconstruir sus vidas, sino que también fortalece los lazos comunitarios y genera un sentido de pertenencia y colaboración.

La tragedia despierta un sentido compartido de responsabilidad, impulsando a la comunidad a unirse para apoyar a los damnificados. La conexión humana se convierte en el bálsamo que alivia las heridas emocionales.

La respuesta ciudadana va más allá de las palabras, transformándose en acciones concretas. Las donaciones, el voluntariado y el apoyo emocional se convierten en herramientas para reconstruir no solo edificaciones, sino las heridas de una comunidad.

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